El verdadero antes y después no está en la cabeza está en la actitud
Hay algo que no se puede fotografiar.
Después de un tratamiento bien planteado, no cambia solo la cabeza. Cambia la postura. La forma de mirar. La manera de entrar a una habitación. Desaparece ese silencio incómodo frente al espejo que muchos conocen bien.
No porque haya ocurrido un milagro.
Sino porque la imagen vuelve a estar alineada con la persona.
Curiosamente, muchos clientes no lo publican.
No lo cuentan.
No lo enseñan.
Y eso, lejos de ser un problema, es la mejor señal de éxito.
Cuando nadie tiene que saberlo, es porque no hay nada que justificar.
La micropigmentación capilar no es para destacar.
No es para llamar la atención.
Es para volver a pasar desapercibido… con seguridad.
Y cuando eso ocurre, el cambio se nota más fuera que dentro del espejo.
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